Queridos Mamá y Papá:
El niño que me gusta me tiene miedo...
Es que nadie ha podido conmigo, es todo, no es que yo pida mucho ¿Cierto?
Me ha partido el corazón, mamá, él era el más valiente y refrescante para mi.
Lo que no ha querido decir -para que no me enoje- es si teme perderme o teme lo que soy.
No lo culpo, nadie me quiere, ¿por qué habría de hacerlo alguien que gusta de las sonrisas desmedidas?
"Es muy enojona, a ver si la aguantas" Le decía mamá al novio en turno cuando le tocaba ir a conocer a la familia rota. Lo que ella no sabía es que era un cretino más, y yo solo me defendía.
Algunas veces escuché: "¿Por qué tu no me tienes miedo?", ¿"Por qué hablas conmigo si le caigo mal a todos?"
Llegaba con tal facilidad a la vida de "esos" apestados, los "difíciles", no importaba si fuera hombre o mujer, ahí estaba yo para comprobar por mi misma si era verdad lo que se decía de ellos. A veces lo hacía por casualidad... otras veces por petición de alguien que quería acercárseles pero les daba ese patético miedo.
Yo.
Después, resultaba que siempre si querían ser parte de la vida de esas personas que había "descubierto", que había rescatado del desperdicio de otros, y de nueva cuenta tenía que seguir mi camino sin alguien. A veces les gustaba más mi compañía que su nueva fama.
La suplente, el plato de segunda mano, la desechable...la por mientras.
¿Por qué tu no me tienes miedo? Me decían.
Me abrieron sus corazas; me invitaban a eventos donde solo eran parte los más allegados y al verme ahí lo agradecían cuando yo era la más feliz de que me hicieran un espacio en sus vidas; me decían que nunca habían conocido a alguien como yo (si, la frase trillada y la más endulzante para los solitarios)…
Gustaba de acercarme a las almas rezagadas, sin beneficio propio, era una delicia hurgar en sus historias, preguntarles hasta la más ínfima cosa... Pero bueno, a ellos les brillaban los ojitos cuando hablaban de sus "diminutas" vidas.
No puedo decir sus nombres porque un día partiré y esto andará a la vista de todos, pero supongo que ellos sabrán quiénes fueron.
Alguna vez me dieron regalos inesperados como ¿agradecimiento?:
*Ese anillo de plata en forma de ratoncito porque me encantaba esa película de "The Green Mile", donde salía ese Señor Jingles. El chico que creció en una casa hogar y no se juntaba con casi nadie y el único que no me tuvo asco cuando regresé con mis costras de varicela a clases.
*Un pañuelo camuflado después de un campamento juvenil, porque también logré hablar con ese tipo rudo que no cruzaba palabra con nadie. (Que después se lo auto regaló otro tipo rudo que sacó su lado infantil conmigo en ese mismo campamento😂).
*Las llaves de una casa, con un osito pequeño de terciopelo verde y un chalequito naranja de halloween como llavero, que no eran para que entrara en sí, sino la muestra más grande de confianza que quiso darme esa persona tras marcharse del país. Esa chica que recitaba poesía y de la cual hablaban venenosamente las demás, hasta mis amigas.
*Una pistola de silicón que tenía desde niño y estaba personalizada con el apellido que se quitaba y con el que yo lo nombraba porque lo memoricé del pase de lista (y luego todos ellos empezaron a hacer lo mismo...). Dijo que era muy especial para él y ahora era mía.
*Esa blusa "dalilesca" que me dio esa chica que ya no habla más conmigo, pero que cuando la vio pensó en mi.
* Un muñeco de la perrita de Las pistas de Blue, que también era algo de lo que nunca se iban a desprender y lo dejaron en mis manos solo por hacerle reír.
*La gorra de Superman después de unas misiones semanasanteras en algún ejido de la costa, porque podía hablar sin coquetear, porque era amistad, porque no esperaba nada de él.
*La camiseta bicolor de manga ranglan, después de un año de amistad y un hasta siempre.
Estoy segura de que la memoria me quedó debiendo tantísimas sonrisas, pues cada vez que se desprendían de un objeto o lo adquirían para sorprenderme hubo definitivamente sonrisas en este rostro que para muchos representa lo imposible.
No me siento ni ligeramente bien, aun después de irme al pasado, pero sacar estas anécdotas me da tanto alivio, pues cada vez le temo más al olvido, a no saber quién fui, y por qué me siento así en estos tiempos, como si ya no valiera algo para los que amo.
Hace bien recordar la sinceridad con la que interactuaba con esas personas. Ciertamente yo no les tuve miedo, no tuve ningún problema con que me vieran con ellos, el estúpido qué dirán siempre me la peló.
¿Y entonces a dónde han ido esas personas?
Algunas pertenecían a otros lugares e iban de paso, otras veces yo era la que iba de paso, otros más obtenían fama a raíz de que yo hablaba bien de ellos para que empezaran a verlos diferente y luego yo dejaba de existir... otros ya no están en este plano, y a otros más les prohibieron conservar esta amistad.
¿Y a qué viene toda esta mierda, toda esta pataleta? Se preguntarán, papá y mamá...
Al deseo, al ardor, al descarnado deseo de ser esa, la que alguien desea desenmarañar, incluir... la que pregunte: "¿Por qué tu no me temes? Me has visto desfigurada y no me temes".
¿Con quién hablo cuando con el que hablo de las otras cosas se queda en silencio?
¿A dónde voy cuando el lugar seguro se vuelve desconocido?
¿A los cuántos gritos de "déjenme sola" te dejan atrás?
¿A las cuántas promesas rotas tipo "siempre estaré para ti" declaro la retirada?
¿A los cuántos días de bandeja vacía se despide alguien de la espera?
Dos almas que tienden al silencio llegarán a nada, al desconocimiento, al eventual olvido...
Vivir huyendo, el romper todo antes de ver el deterioro, la transición de ser la amada a la que fue, de ver el nuevo rostro de su felicidad. ¿Por qué continúo dándome estos dolores? ¿Por qué sigo creyéndoles que soy un descubrimiento?
¿Dónde están sus palabras cuando ardo? ¿Por qué cuando abrazo mi destino vuelven y retiran piezas?
Si temes más de lo que amas, déjalo ya.
No hay comentarios:
Publicar un comentario