Por segunda vez le dije: Decide, pero ya no me digas más las mismas cosas.
Y eligió a su ramo de flores.
De fondo de pantalla, caían como en gifs los te amos, las promesas rotísimas, la palabrería de un secundariano hormonal, o ¿un adulto involucionado?, ya no lo sé.
La era de la comida rápida, la eterna satisfacción para no sentir el vacío existencial, el bombardeo sexual, las drogas para no llorar o para no tener que resolver, el no hacerse cargo de las consecuencias, la culpa es de los demás.
Yo estoy bien - yo estoy bien - yo estoy bien. Repiten en su mente los irresponsables afectivos.
La culpa es de los demás. Repiten desde las sombras que ven reflejadas en su caverna mental.
Bueno, si ya sabes que así funcionan, ¿para qué quedarse? ¿Es que tampoco quieres ver afuera?
[dma]
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