The wind rises

The wind rises
La Apariencia No Es Sincera.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Está bien no estar bien

"Cúrate tu"... "y de esa misma forma en la que sientes asco, con esa fuerza de repulsión, con esa fuerza, trata de sanar, de curarte, de perdonarte a ti. Solo a ti..."

Debe haber una retorcida razón para que yo exista. Todos los días la misma premisa girando en contra de las manecillas de este reloj ya roto que tengo por mente.

En el afán de ser normal para encajar, para ser una de ellos, ser abrazada, necesitada, no abandonada por todos aquellos que finalmente se fueron, me hundí, como aquel día el gran Dzibilchaltún.

Hoy, después de una de tantas charlas previo a rayar el sol, con el mago de las letras, comprendí que, el asco no es hacia ellos, era hacía mi.

Este mundo es para los normales, todo lo que se salga del molde tiene que ser inmediatamente "reparado", insertado a la sociedad. En ese afán, se educa a todos , que si aquel va más lento, habla menos, está roto desde pequeño o desde el vientre, es un peligro para los demás.

¡Hay que repararlo, hay que repararte!

Si, me daba tanto asco que dolía, hasta anoche.

También fue que lo entendí por esa historia coreana de Netflix, de las que me están reparando más que cualquier salida a algún bar, o plática efímera donde a huevo tienes que responder: "estoy bien ¿y tú?", con una actitud hipócrita y complaciente.

Bueno, y ¿Qué chingados entendiste? Ya deja el preámbulo, ¡maldita sea!

Lo admití, lo acepté.

El que está bien no estar bien.

El primer paso para sanar es amar y abrazar todo eso que necesita "repararse", así como estoy me amo. Si también me rechazo y me duelo como lo hacen los demás no habrá ya lugar a dónde ir, en todos será lo mismo.

Hay una razón por la que todas las personas son como son, y nos enseñan a escupir sobre nuestra cabeza si nuestra infancia fue marcada con acero al rojo vivo, nos dicen: sé normal, sé útil para la sociedad, di y actúa conforme al agrado colectivo, sino será más difícil tu vida.

Tengo memorias desde los cuatro años, sé lo que soy desde entonces, sé lo que me ha costado ser dentro de este recipiente "dañado", que tiene fisuras por las cuales se cuelan esas palabras punzocortantes, esos "no" que nadie está listo para oír.

Hace tanto que empecé a sentir que todo iba mejor cuando no hacía lo que los demás esperaban, pero también iba sumándome miradas extrañas y risitas burlonas.

Por alguna extraña razón, siempre había alguien a mi lado que comprendía mi -no sé cómo llamarla- forma de ser.

Y las piezas empezaron a ser como esa porcelana japonesa que una vez rota no se desechaban, sino que se unían con oro para formar una nueva pieza, si rota, pero esa belleza cicatrizada resultaba más atrayente para esas personas.

Los que me han ido acompañando, como pasarela, eso si, son esos artesanos "japoneses".

"El arte tradicional japonés de la reparación de la cerámica rota con un adhesivo fuerte, rociado, luego, con polvo de oro, se llama Kintsugi. Kintsukuroi es el término japonés que designa al arte de reparar con laca de oro o plata, entendiendo que el objeto es más bello por haber estado roto."

Nunca entendí que el tiempo de cada artesano que pegaba la pieza en turno era limitado, creía que cada uno eran mi destino final y los aprehendía.

Finalmente, llegaba el día de ir por la siguiente pieza y dolía no estar terminada, seguir siendo inútil, incapaz de llenarme.

No veía lo hermosa que estaba quedando, aun rota, en vías de ser una nueva taza.

Abrí como siempre los ojos, como si viera por primera vez que ese "ámate tú", que le decía a mi hermana, también era para mi.

Todo lo que necesito está dentro mío, siempre estuvo ahí, y los colores me lo fueron mostrando, el lienzo vacío, los sentimientos de los demás.

Hay "personas mágicas", como les clasifico a ésos que de repente pasan y dejan una chispa en mi oscuridad. A veces, basta una charla para encenderme. Hay otras personas que se quedan un poco más a prender una fogata.

En ambos casos, se quedan para siempre ardiendo en el pecho tanto tiempo que se hacen inmortales; le agradezco a la vida por ellos y de repente los hago pintura, como agradecimiento por haberme visto con esos ojos como de estrella fugaz, como si hubieran descubierto algo.

Y ahí se que, cambiar no es una opción, amarme sí.

"Esa cosa" que no razona necesita ese abrazo de mariposa más a menudo, necesita dejar de oír: me asqueas, desaparece, haces daño, por eso nadie te quiere.



No hay comentarios: