No es que haya decidido irse, tampoco creo que lo haya aceptado, conozco a tan poca gente con sus ganas de vivir.
Pero entonces, ¿por qué se ha ido?
El pinche guionista aun no termina su libreto, todavía no me tiene los diálogos mentales para mi habitual soliloquio, de esos nocturnos, de los que ahora son necesarios a cada hora del día.
Dicen los que saben, que estas cosas se sienten menos a partir de los seis meses, a más tardar un año, que después es patológico, que no es sano ir al fondo del mar a quedarse.
¿Le llegarán las cartas a ese lugar?
¿Correos de México cuenta con el servicio exprés a ese lugar? ¿Hay una estampilla que compruebe que ya pagué por cada palabra que no le dije a tiempo? ¿Esta carta alcanzará para la eternidad?
¿Esto es dolor o es muerte?
Tengo que respondérmelo antes de ir al buzón, porque si se trata de lo primero el destinatario es mi madre, ella sabrá responder, sabrá qué hacer para cambiar la marea, el oleaje de mis ojos... Si es lo segundo, la carta quizás tarde en devolver la respuesta... quizás no estoy lista para enviarla, a lo mejor no quiero una respuesta de la blanca mujer, es posible que sus brazos me den más invierno.
Mamá, te has ido...
Pero, ¿Qué le digo a la vecina? Que ya se nos acabó el azúcar, que en la alacena solo hay hiel? Que regresas enseguida o que espere a su anochecer?
Mamá hace frío... este frío... este maldito corazón frío. ¿Vas a volver o me pongo la cobija de la abuela Florencia? ¿Allá donde estás es verano o has llevado abrigo?
-"¿Qué hay de nuevo, Lali? ¿Qué cuentas, pajarito?"
-"Pues nada, lo de siempre", mi respuesta... Resulta que ahora pasa de todo. Resulta que no puedo dormir, que los demonios me reclaman para sí. Que a las tres de la mañana es mi cita con el llanto, que estoy comprometiéndome con la madrugada, que ahora si me caso con la pena, que es posible que me engendren un par de notas suicidas en las entrañas...
No, no te preocupes, tu ya sabes que no.
¿Desde donde estás se ve el todo? Ya te puedo preguntar ahora yo: ¿si me quiere? ¿Recuerdas? El muchacho.
¿Qué te dijo el viejo de blanco? ¿Es verdad que está medio mudo o solo está cansado?
A mi una vez me dijo que si le llamaba me respondería, que estaría a mi lado en la desgracia. ¿Le puedes comentar que el 91 a veces no da tono? Que me olvido de su nombre cuando voy al directorio. Guionista?, ¿El que todo lo ve?, ¿Yahveh Sebaot?, ¿La fuerza?, ¿Universo?... ¿Dios? Si, es que hay veces que me olvido hasta de lo que hice hace unas horas antes...
"¿Cómo te acuerdas de todo?" Decían los ex compañeros de secundaria. Resulta que también hay veces que olvido hasta su cara.
¿Qué día es hoy, mamá? Debo fechar la carta. Si ya son dos meses de que te fuiste, ¿entonces ya vamos en marzo? ¿Qué día es hoy, por dios? ¿Qué comí ayer? ¿Por qué me enojé esta vez?
¿Volveré a ver? ¿Hay un domo sobre mi? ¿Alguien capta los colores en mis lienzos? ¿Y si lo he pintado todo gris?
¿De verdad te hacían feliz? Mis palabras, mis pinceladas, mis palomas blancas...
"Están benditas, esas manitas blancas", "Agárrame con tus manitas santas", decías mientras las ponías en tu rostro y las besabas.
Y yo: "¡Qué santas van a ser!".
"Tus manos cuando hablas son como dos palomas blancas". Volando.
Mamá te has ido, sin regreso.
Ya no hay vuelta: Al olvido, a tu llanto, a los ¿me extrañas, cuándo vienes?, a esos gritos, a las culpas, a una vejiga que no terminaba de vaciarse, al estómago, que más para abastecer era para guardar las penas... penas que se hicieron veneno, lento por tu cuerpo.
Mamá, me despido... pues las hojas no alcanzan...
Me reservo la última, para hacer el avión de papel que llevará mi carta, pues a donde irá no va mensajero.
Le adjunto un beso y abrazo, de esos etéreos, de los que amamos a distancia, de los que si arden, de los que tanto anhelamos...
Le incluyo unas lágrimas, para sellar el sobre, para que nadie se asome, que nadie te robe: mis penas, mis culpas, mi rabia... sobre todo mi alma.
Dora Luz, me despido... Ahora soy yo quien llora, extraña, se queda, quien ve la espalda.
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