"No te rasques la cara, no te pellizques, te vas a lastimar" Me decía ella hasta en sus últimos días...
Deseaba decirle que, a falta de pinceles, o un lugar dónde vaciar la ansiedad quedaba mi cara , esa que más que cara era diana de esos, que más que dedos, eran dardos...
Ahora que lo pienso de noche, donde todo me es más claro, no solo lo hacía por la ansiedad de cada momento agónico, también era el rechazo hacia mi aspecto, el querer borrar esa cara, esa que olvido hasta que me obliga el espejo.
"Qué bonita", "Te ves bonita cuando sonríes", Como si supieran lo que cuesta ir por ahí con tal máscara, esa que ya está bien gastada por ser la que más les gusta verme puesta... y les complazco solo para que paren los "¿y ahora qué tienes?".
¿Desde cuándo esta sujeta cede a peticiones ajenas? ¿Cuándo aprendí a mentirme, o más bien, a complacer a alguien que no soy yo?
¿Sabías que cada vez que vengo aquí a lloriquear escucho a Satie? Por supuesto que no. Ni me conoces, quien sea que esté leyendo.
Me tranquiliza la música más que la pintura, siempre sentí que me llamaba lo musical, nada me llena más el pecho que una bella melodía de piano, una orquesta, si es en vivo mejor. Por algún motivo elegí la pintura, más por imitación que por don.
Mis manos vuelan ahora si, como dos palomas blancas, mi mente se va y regresa solo porque algo la obliga, el cuerpo se aligera, pues la música me vierte el mar por los ojos.
Me fui quedando sin voz desde muy pequeña, no literal, pero si mental. Esa muralla construida desde adentro con los titanes más peligrosos para que no puedan atravesarla tan fácil: miedo, introversión enfermiza, desconfianza, inseguridad, desamor, soledad... ¿sigues ahí?
Desde entonces pensé que los NO que me daban mis seres queridos eran porque yo no era suficiente: "No, no quiero jugar contigo"; "No, no quiero que entres al coro conmigo"; "No, tu no vienes con nosotros". Nunca nada me hacía conseguir un SI, a cambio de tanta necesidad de inclusión, de odiar ser la más pequeña e innecesaria de todos.
Y a pesar de eso nunca perdí mi gran sonrisa Colgate. Entonces ¿por qué me cuesta tanto ahora que ya he entendido todo? Ahora que ya soy "capaz" de ver. Sólo se me ocurre porque aquella niña ya se murió o está a punto de cortar ese hilo que nos une, a la muerta en vida y a ella.
"No te rasques la cara, hija" Decía ella cada vez...
No podía decirle lo que me odio... por no ser suficiente, por no enamorar, por no tener ya la magia de hablarle a cualquiera, de refrescar a cualquiera. No, solo le sonreía y dejaba la ansiedad para más tarde.
¡Cuánto amo ese piano del Nocturne de Chopin!... me recuerda que estos dardos jamás la ejecutarán, ¡ese arpa en el Pas de Deux de Tchaikovsky! Oh, sí, tus manos ahí tampoco van...
¿Sabías que me sale un vibrato fabuloso cuando disfruto una canción? Y de repente me hago consciente de lo que he escuchado y automáticamente la muralla, ¡esa maldita muralla nivel Attack on Titan!
Se cierra la garganta, cantan los gallos en su lugar, se va la magia... Sí, pude cantar, pero no quise complacerme, no supe cómo.
Sería fabuloso encontrar a alguien que me hiciera vibrar como lo hace el piano de Yann Tiersen. No puedes negarte a eso que tu pecho asiente. ¿Qué tan sensible debo ser para llorar con cada minuto de esto?:
https://www.youtube.com/watch?v=DdpoXtLs05g&list=RDy7kvGqiJC4g&index=5
Si, bueno... ¿Quién tiene hambre?
Me culpo a mi, por no pasar de ser la melómana, la directora de orquesta imaginaria, la que toca instrumentos invisibles mientras camina con audífonos, la cantante de regadera, la cuerda vibrante que ejecuta alguien más. Te amo música, te amo tanto que duele.
¿Alguna vez le confesaste tu amor a alguien solo para que dejara de doler? No tanto porque querías ser correspondida (o), sino para eso, acabar con el dolor de no ser suficiente para tu amado (a), y al decirlo lo liberabas, lo dejabas ir...
Es la primera vez que le confieso con letras a la música cuánto le amo, cuánto hubiese deseado haber sido una con ella, pero no fuiste suficiente... y en otra ocasión es la primera vez que se lo dije a una persona también, para dejar de doler, para dejarlo ir...
"No te rasques" Aunque ya no la oigo decir, todavía resuena su voz cuando me descubro clavando estos dardos en mis cachetes rosas.
Mis gimnopedias, y no las de Satie... bueno, son esos juegos de resistencia ante tanta violencia que ejerce esta mente sobre mi... no tanto los de afuera, ahora ya sé que los de afuera también sufren y por eso lastiman. Pero ¿Qué pretexto tengo ahora para seguir jugándolos? Si ya no soy tan joven ni tampoco me desnudo.
Hagan silencio... que ahora suena Ludovico Einaudi... es Una Mattina... y me hace bajar las manos del rostro, me hace sentir que soy parte de esto, que nací para algo.
Mira mamá, tus palomas blancas ya casi no son dardos... mira... ¿será el olvido?
[dma]

No hay comentarios:
Publicar un comentario