The wind rises

The wind rises
La Apariencia No Es Sincera.

viernes, 21 de mayo de 2010

Ruta 4

Marzo 6, 2009
Dos personajes extraños, más bien peculiares... eran dos hombres.
El primero que vi al subir el camión era uno de tamaño pequeño, resaltaba su voz de las demás que se escuchaban dentro. Por detrás parecía un muchacho y el peinado que llevaba era algo excéntrico, pero me encantó, un poco engelado como para darle el efecto Vegeta. Su ropa era típica de alguien que vive en las orillas de cualquier ciudad aparentemente grande, como Hermosillo o de clase baja. Camiseta negra que dejaba ver sus brazos musculosos y a la vez flacuchos; un pantalón de mezclilla azul, flojo y con un curioso moño en la parte trasera, formado por dos listones de la misma tela, todo sostenido por un cinturón blanco desgastado.

También, había pulseras de plata en su muñeca derecha, una era de pequeñas bolas, la otra no la le recuerdo.
De vez en cuando volteaba para ver a su rededor y ahí es cuando me di cuenta que no era un muchacho, sino un hombre maduro, con un leve parecido a "el caballo", un actor de cine mexicano. Llamaba poderosamente mi atención porque era ligeramente más alto que yo, era realmente curioso.

El hombrecito iba platicando incansablemente con una enorme señora de cabello pintado que venía sentada enseguida de donde él venía parado. Después el pasajero contiguo a la mujer llegó a su destino y es entonces cuando la escena se tornó algo graciosa porque el hombre se sentó enseguida de su enorme amiga.
Supuse que el personaje era homosexual porque algunas actitudes lo denotaban, pero puede que sea un prejuicio, algo común en las personas. Este aspecto nada relevante no fue lo que llamó mi atención, sino el hecho de observar y conocer un poco de la vida de un desconocido, que para los demás sólo era alguien de tez blanca, cabellos claros, de baja estatura y de comportamiento inquieto, que pudo ser porque se sentía observado o por alguna otra razón.
Y cuando creía que toda mi atención se la había llevado el hombrecito, sube otro pasajero no menos relevante.

Fue su voz lo que primeramente reclamó que mi vista se alzara hacia él. Tal parece que era el día de hallar parecidos, porque al igual que el primer personaje, a este también le hallé características faciales de un actor inglés, era prácticamente un Clive Owen mexicano. Hombre alto, moreno claro, cabellos despeinados, como cuando alguien no se baña por haberse desvelado en algún lugar. Tal vez había viajado o era de algún otro sitio porque al subir quiso pagar con un billete de cien, por lo que el chofer dijo lo de siempre: "no tengo feria". El hombre sacó ahora uno de veinte y el conductor no tuvo mas remedio que darle cambio que tomó de una bolsita negra a la vez que le decía al tipo que era necesario ferear porque no lo dejarían subir a los demás camiones. Ahí es cuando el hombre afirmó no ser lugareño.
A decir verdad también llamaba poderosamente mi atención porque lucía algo inquieto desde que noté que dejó su mochila en el suelo, muy próxima a sus pies para poder agarrarse de la estructura tubular superior, que por cierto le llevó más de dos movimientos para adoptar una postura cómoda. Era interesante observarlo.
Su mirada algo desconectada apuntaba hacia las ventanillas como viendo sin ver, daba la impresión de estar dándole vueltas a algún asunto, era preocupación.

El asunto era que le urgía llegar al parque Madero por alguna razón. ¿Sería vagabundo, o tirador? Su camisa aparentaba haber pasado la noche no precisamente en el closet, porque los cuadros negros eran más claros de no normal, mientras que los rojos lucían colorados. Su pantalón negro era similar a los que usa Daddy Yankee: demasiado holgados del trasero. No alcancé a ver sus zapatos porque su actitud seguía jalando mi atención.

Mi mente se cuestionaba muchas simples dudas, ¿de dónde será?, ¿qué es de su vida?, ¿qué estará pensando?.
De repente alguien se bajó del camión y por fin pudo sentarse sin dejar su postura desconfiada y que lo diferenciaba notoriamente de los demás pasajeros. Su voz, su voz, su voz.

Cuando se bajó e iba rumbo a su destino, me imaginé a ese hombre foráneo con otras posibles apariencias, tal vez un artista, un escritor y... con esa voz.
El hombre seguía actuando como con delirio de persecusión, seguí viéndolo hasta donde pude y él todavía volteó vagamente hacia donde seguía su curso el camión, una Ruta cuatro como cualquier otra.

A veces la gente común no reclama mi atención, hay demasiada en este mundo, pero es curioso que de entre lo cotidiano haya alguien -o algunos- no tan comunes como para escribir algunas notas simples.

Vida cotidiana, grandes historias embotelladas en la normalidad, historias y caras tan simples que logran hacerse invisibles ante nuestro encuadre.
El camión por fin llegó a mi parada, muchas personas bajamos, otro día agitado estaba por comenzar.

[dma]

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