
Hace algunos años, en unos días en que la primavera ya le estaba dando su turno al verano, en el cielo hubo una disputa, entre algunas mujeres y dios.
Algunas querían ser madres de una nueva criatura, otras serían primerizas y otras más sólo deseaban cerrar con broche de oro su ciclo maternal. Había de todo tipo de mujeres ahí.
Dios, que ya no aguantaba la jaqueca por tanto grito femenino, mandó a uno de sus ángeles a traerle un poco de polvos celestes curalotodo, que con una sola salpicadura de ellos todo quedaba como recién nacido.
Las mujeres al ver lo que ocasionaron decidieron guardar silencio, después de todo estaban en el cielo. Acabando la pequeña pausa de dios y su dolor de cabeza, se apreciaba de nuevo el coro angélico que inundaba junto a la calma aquel sitio. El juicio para ver quién se quedaría con la nueva criatura iba a dar inicio.
“¡Diez mujeres! Sus voces juntas semejaban las de un centenar”, -dijo dios mientras las miraba por encima de sus lentes, que sólo le servían para ver el alma de las personas.
Ellas ruborizadas, optaron por bajar levemente sus cabezas como para esconder su atrevimiento, después de todo habían sido invitadas especiales y se dieron cuenta de que el anfitrión no era un tal Bill Gates o algún Carlos Slim, acostumbrados a las estruendosas reuniones de frívolos magnates con sus sofisticadas mujeres, éste solamente era ¡Dios!
-Las he reunido aquí porque una sencilla creatura necesita el lugar indicado para nacer y vivir, con una madre que ponga mis raíces en su corazón pero que también ponga las suyas en él. Tengo su alma pequeña dentro de mí aun gestándose, y este es el momento para decidir quién de ustedes tendrá el privilegio de ver nacer una nueva vida.
Inmediatamente se hizo un nuevo barullo entre las presentes, algunas hacían gestos de incredulidad, otras de confusión mezclada con miedo, otras de esperanza, y algunas solo dejaban ver gestos triunfalistas, una sola de ellas sonreía tiernamente.
¡Silencio Mujeres! – Retumbó el lugar. Como les iba diciendo… en este momento todas ustedes son candidatas a ser madres, ya sea por nueva cuenta o no, cada una de ustedes se encuentra encinta y algunas ni siquiera se han percatado. Como el tiempo apresura empezaremos, quiero que me den una sola razón para que yo les otorgue a la creatura y es entonces que decidiré…
-¡Pero… dios!, hay algo que no entiendo, -interrumpe una de ellas-, ¿Cómo es que estamos aquí y ahora? Y esto de ser madre… no sé… ¿por qué yo? ¡Ni siquiera está en mis planes!
Dios, muy serio, como él suele ser cuando trata temas delicados como una vida, se queda unos segundos en silencio y continúa.
-Estás dormida en estos momentos junto a tu exitoso esposo allá en la Tierra, te he traído aquí como a las demás al azar, en sueños… traje solo a mujeres preñadas para no obligar a nadie, ya que la libertad es primordial para cualquier ser humano…
-¡Espera, espera!, -vuelve a interrumpir la bien parecida mujer-, ¡Yo no estoy embarazada!, siempre me aseguro de tomar mi anticonceptivo y otra más para dormir, ¡Mi esposo, el importantísimo arquitecto Schneider, no soportaría verme tan hinchada y yo tampoco quisiera perder mi hermosa figura! Para ser un sueño, es muy bueno y real, creo que debí tomar pastillas para dormir de más -ríe nerviosamente.
Las demás mujeres permanecían calladas e impacientes, ya sabían el cómo, el por qué y sólo una sabría el cuándo.
-Anna Schneider, regresa de tu sueño, lamentablemente no eres apta para la misión de ser madre de mi creatura, -le ordenó dios con una voz firme y dolida.
Inmediatamente después de estas palabras, un hermoso ser alado, dejó caer sobre la mujer algo de los mismos polvos para la jaqueca que anteriormente había usado dios. Al instante su cuerpo se hizo translúcido hasta no verse ya nada de ella. Había despertado de su sueño a pesar de haberse tomado dos pastillas para dormirse esa noche y no una como ella había calculado segundos antes de su emocionante relación sexual casi diaria. Y no era la primera vez que pasaba. Lo mas seguro es que al darse cuenta se desharía de su “error”.
Sin perder la calma, dios prosiguió con su plan, ya faltaba poco para amanecer, lo cual le hizo detener dos horas el tiempo, y usar otro método.
-Toda mujer aquí presente debe saber que no se trata de cualquier creatura… es una muy frágil, que siempre va necesitar mucho cariño, puesto que algunas veces tendrá que pasar soledad; no se sentirá parte de aquel mundo puesto que es del mío, pero jamás lo sabrá; si enferma, preferirá un abrazo y un beso que una medicina, es posible que se deprima sin causa aparente, pero confío en que será fuerte para vivir, sólo debe hallar a su dúo… y como es una criatura celeste pensaba ponerle el secreto de la eterna juventud en su cuerpo, pero sería como darle una celda con unas rejas de soledad, sólo permitiré que su vejez sea tardía… ahora, quiero que la que no lo desee reciba mis polvos celestes… al despertar no recordarán nada y del fruto que llevan en su seno, en la vida real ustedes son las responsables…
Hubo seis raciones más de polvos celestes en ese instante. Ahora solo quedaban tres de ellas, dispuestas a ganarse el alma que aun se alimentaba del cuerpo humanizado de dios. Hubo un receso de media hora terrestre en el que ellas aprovechaban el sueño para ver, tal vez por única vez, aquel cielo del que sólo habían escuchado en sus iglesias o en algún libro esotérico o simplemente lo sabían por cultura general.
Dios, mientras tanto, frotaba su corazón materializado, que era donde estaba alojada la pequeña alma, como tratando de darle los últimos momentos de amor pleno, puesto que después serían intervalos sagrados y añorados los que se le otorgarían, hasta que esa alma encontrara a su compañera eterna que también hubiese salido del corazón de dios ya fuera antes o después. Un alma dúo que se reconociera a ésta sin titubeos.
-Veamos, solo han quedado Cindy, Melissa y Luz, -dijo un serafín cercano al oído de dios.
La encantadora voz de dios, que había tomado forma para que le pudieran comprender las humanas, se dejaba escuchar nuevamente, era como cuando habla algún Enrique Ortíz, pero con lo agradable de los Il Divo o cualquier voz masculina que agrade escuchar por lapsos prolongados.
-¿Por qué quieres conservar a mi pequeña alma Melissa?, -preguntó dios mientras se colocaba de nueva cuenta los lentes que sólo le servían para ver las almas, no era que dudara de las buenas intenciones de las mujeres, pero de verdad que necesitaba un buen motivo para decidirse.
-Verás dios, seré madre por segunda ocasión, y si es de un bebe celestial, ¡qué mejor! En primera si es una niña, aprenderá a codearse con gente influyente, ¿comprendes? ¡Ah claro, si eres dios! Será tan popular como yo lo fui cuando era joven, a eso de los veinticuatro que me casé, y aunque ya no quería a mi novio y me emocionaban otros hombres porque me trataban como una reina, me decidí a casarme porque ya tenia muchos años con el, mi familia y todo mi círculo social lo conocía… (Silencio incómodo), emm… Creo que lo mas sano para la esposa de un doctor es que tenga hijos sanos ¿no? Pues si tú me das esa alma, -continuó- no le va faltar absolutamente nada dios, tenemos solvencia económica, ambos trabajamos y tenemos amigos importantes, no le faltará dinero, buenos colegios, amistades a su nivel, comida, tendrá trabajo asegurado cuando crezca y ¡conocerá el mundo! además, mi hijo primogénito ya está grande, mis amigas preguntan cuándo tengo el segundo, así que creo que soy la mejor candidata de las tres y de paso cumplo con el requisito de la familia perfecta, pequeña y sin molestias.
Dios retiró sus lentes, pues no eran necesarios en este caso. Frotó su pecho una vez más y volteó a ver a la mas tímida de las tres mujeres, - ¿Luz?
Esta mujer se hallaba un poco cohibida ante las palabras de la prepotente Melissa, quien era ligeramente más alta que ella, per aun así le parecía enorme por la vida que gozaba en tierra, aun así se atrevió a alzar la voz ante dios para quedarse con la creatura celestial.
-Yo… tengo tres pequeños, pero siento que un cuarto haría a mi familia perfecta, y aunque mi esposo ya no planea mas hijos, se que le daría mucho gusto saber que ya espero a otro… lo sé porque cuando duermo viendo hacia el cielo, hay algo sólido en mi vientre que puedo tocar desde afuera… Yo… soy ama de casa… mi esposo es agricultor que años atrás fue de los mas ricos de la región pero la vida nos ha traído la austeridad pero aquí seguimos amándonos y luchando, mis otros niños están a mi entero cuidado cuando no están en su escuela… no escucho de un oído, lo que me puede causar no entender a la pequeña alma cuando quiera hablarme de sus cosas, pero haré un esfuerzo tremendo si es necesario, si enferma estaré ahí hasta en las noches… tenemos una casa acogedora para los hijos, comen bien, corren por el campo, juegan, visitan a sus abuelos, y sobretodo los amamos mucho… ¿qué mas puedo decirte dios? Entenderé si tengo a otro hijo distinto al de tu alma celestial, de todas maneras lo amaré…
Hubo un murmullo proveniente de los ángeles ahí presentes, pero no se entendía lo que sus voces proferían, algunos aleteaban cerca del sitio donde se iba tomar la decisión para enterarse de lo que decía cada mujer, pero les llamó más la atención en ese momento la risa que se escuchó en todo el lugar: la risa de dios.
Atónitos, los ángeles y las tres mujeres, veían cómo dios se reía mientras daba palmaditas a su pecho, hasta que retomó la solemnidad del momento y prosiguió tras un suspiro enorme.
-¿Cindy?, sorpréndeme aunque sea dios…
-Quiero retener a un hombre. –dijo sin titubeos la mujer de mirada grande y directa.
-Explícate, me gusta que las personas me cuenten sus pensamientos aunque ya los sepa. -Dijo dios con voz comprensiva.
-Es demasiado bueno mi novio, es un gran deportista, paciente con los niños, muy dedicado, responsable, pero hay una mujer que está enamorada de él, y sus amigas lo quieren para ella… ¡pero si yo soy mas linda! Además de que soy mas liberal, como verás ya le he quitado lo casto al inocente, por el momento está en mis manos y lo mas seguro es que pronto se case conmigo porque ya estoy embarazada, después del primer susto que se dio el pobre, -ríe abiertamente ante los ojos de todo presente.
-¿Y para qué necesitas a mi pequeña alma si ya has logrado tu propósito? Te nacerá una hija preciosa, dentro de poco, espero que la ames como lo hará tu esposo, que si es merecedor de mi creatura… pero aun así, la he reservado para alguien más.
-¿Y estas insignificantes mujeres pretenden dar a luz a la criatura?, -Interviene Melissa burlonamente. Espero que la hayas reservado para mi porque siempre obtengo lo que quiero allá en la tierra, -le dijo finalmente a dios.
En eso, el entorno se llena de polvos celestiales, ya había una decisión. Las tres mujeres se habían regresado a sus vidas cotidianas, dejando atrás el sueño de esa noche, unas tendrían hijos ciertamente otorgados por dios, pero esa almas pequeñas que a veces nacen del corazón de dios necesitan a la familia adecuada que las fortalezca para que se conviertan en grandes almas, en cuerpos que no cumplen estándares estéticos, pero lo que llevan dentro esos cuerpos es nada mas que un trozo del corazón de dios.
-Dios, pero ¿no te has decidido por alguna? ¿De que reías hace unos momentos?, -le preguntó un ángel mensajero.
-Ya puedes dejar de usar el lenguaje humano Miguel, es tiempo de regresar a mi forma habitual. Pero antes debo depositar a la pequeña alma en su seno materno… la echaré de menos.
-Que bueno dios, que si te decidiste por alguna de ellas, y por cierto, ¿cuándo es que gestarás a su pequeña alma dúo?, -preguntó curiosamente Miguel.
-Paciencia mi gran arcángel, para eso aun faltan de cinco a seis años, cuando la mujer adecuada necesite ser madre por vez primera.
-Y ¿De qué reías?, ¿ahora si me puedes decir?
-Mi corazón humanizado saltó de gozo al escuchar a esa sencilla mujer... sin duda la elección due hecha en ese instante, sin embargo faltaba escuchar a una más...
- Si tú ya sabes lo que ocurrirá y conoces las intenciones, ¿para que te molestas en seguir trayendo mujeres en sus sueños a este lugar sagrado, dios mío? ¿No bastaría con traer a la elegida solamente?
- Es simplemente que… sigo confiando en quienes alguna vez salieron de mi corazón…
En ese instante Miguel realiza una genuflexión porque dios se puso de pie y empezó a caminar hacia un visor estelar en el que depositó como si fuera un recipiente se tesoros, el trozo de corazón donde iba resguardada la pequeña alma, que poco a poco se fue perdiendo en el infinito, era indudable que llegaría a la tierra, pues ya era necesario que el feto desarrollado empezara a tener animación propia además del alimento del cordón umbilical materno.
Un canto al unísono estremeció el cielo, dios desaloja el trono del lugar donde convoca a las madres cada cierto tiempo para atender otras situaciones, otras galaxias, y prepararse para nuevas almas pequeñas; ha regresado a su amorfa existencia, sin voz, sin ojos, sin pies ni manos, sin boca, sin corazón, solo una energía omnipresente en los confines que la imaginación humana puede alcanzar y mas allá.
-Mamá, ¿ya va nacer el hermanito?
-Si mijo, ya falta poquito, -decía luz entre los primeros dolores de parto.
De repente un llanto agudo a las cinco y media. Era una fría mañana de invierno cuando la pequeña alma dio la primera bocanada de aire terrestre, ya era esperada con ansias, nació en un lugar sencillo, pero de rigurosos cuidados.
-¿Ya nació el hermanito?
-Si mijo, pero fue niña…
-¡Quiero ver a la hermanita!
La pequeña se llamó Selene, como la luna; era pequeña de tamaño, tímida, y llamaba la atención a donde la llevara su madre, seguramente crecería muy feliz, ya que mientras tuviera el ingrediente secreto del amor, ella sentiría como si aun estuviera en el pecho de dios, quien de vez en cuando se asoma por el visor estelar para ver a su pequeña alma.
-Ya han pasado cinco años, un mes y doce días, dios mío, desde que ella nació… si no me equivoco el día de mañana como a las seis de la tarde de un día febrero, hablando humanamente, va a nacer la…
-¡Pequeña alma dúo!, -interrumpió dios a Miguel arcángel con una voz jubilosa. Será un varón, grande y fuerte.
-Qué bueno es que ya no va estar sola… todavía recuerdo cuando elegiste a las madres de ambos. Por cierto, ¿quién protegerá al pequeño? Ya ves que me asignaste proteger a Selene…
-Le dije a mi arcángel Rafael que a desde mañana tiene un nuevo protegido… seguro que tendrá un nombre memorable…
Desde siempre las mujeres han soñado que van al cielo, algunas regresan a soportar la indeseable realidad, mientras otras regresan con una bendición en su seno, sin saberlo ni recordarlo, ellas dan todo por que sus pequeñas almas se conviertan en grandes algún día, para esto las raíces de el amor, la libertad y la sabiduría son injertadas desde el vientre hasta que los pequeños ya poseen razón, en adelante, la tarea es pasada a ellos mismos.
-¿Crees que se encuentren pronto, dios mío?
-No seas impaciente Miguel, -ríe dios, -Anda, avisa a Rafael que en una hora terrestre nace su protegido.
-¡Si, Señor!
Un aleteo vigoroso como el de un arcángel emocionado es capaz de cruzar el infinito a una velocidad impresionante, de repente se abren los cielos, Rafael ha cruzado hacia la esfera terrestre rumbo a un lugar, no muy lejos de la protegida de Miguel, que estaba a punto de recibir al primogénito de alguna familia y asegurarse de que el pequeño fuera puesto en las manos correctas, en las manos de la madre que lo dio a luz.
[dma]
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